Walter Monsalvo Walterio Mon

Walter Monsalvo es Licenciado y Profesor en Sociología de la Universidad de Buenos Aires. Desde 2018 se desempeña como director de una escuela secundaria de la Provincia de Buenos Aires.
Con el seudónimo Walterio Mon ha registrado las siguientes obras:
Obras publicadas:

  1. «El Primogénito»
    Buenos Aires: Ed. Ser Seres.
  2. “Cuarenta y Tres y otros cuentos”.
    Buenos Aires. Ed. Ser Seres.
    Participaciones:
  3. «Corazón delator»
    Buenos Aires: Ed. Ser Seres.
  4. Siempre tendremos París II»
    Buenos Aires: Ed. Ser Seres.
    2020.»Que no callen las voces”.
    Chaco: Ed. Instituto Cultural Latinoamericano.
    2020.»Luces 2020″ Selección de Microcuentos & Poesías del Mundo.
    Córdoba: Proyecto BCR.
  5. “Microcuentos de Terror”
    CDMX: Crónicas en llamas.
  6. “Mitos y Leyendas del Mundo”
    CDMX: Crónicas en llamas.
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    Instagram: Walterio_mon

Las Crónicas de Carlos Centurión

ELOGIO DE LAS CITAS
Se acercaba la fecha de entrega de la crónica y no aparecía ninguna idea. Cuando me telefoneó el Jefe de Redacción no supe qué decir y fui sincero con él. Me escuchó en silencio y luego con claros signos de exasperación me respondió lo siguiente:
—¿Cómo que no se te ocurre nada, Carlos? ¡Dejate de embromar, viejo! ¿No sabés qué escribir? Tomate el Roca hasta La Plata y algo va a salir. Escuchame, inventá una historia cualquiera, hacele decir algo a alguien y listo… la necesito antes de las 20.00 hs.

Los críticos muchachos del barrio dicen que el que cita a otros no tiene personalidad. Dentro del mundo artístico, más precisamente de la música, el “intérprete” no goza de la autoridad del cantautor.
Aquí se pone en juego una gran decisión que debe tomar un músico: Cantar temas de otros artistas y tratar de mechar composiciones propias o jugarse a cantar solo sus canciones y arriesgarse a que no lo escuche nadie.
Existen músicos que aprovechan un parecido físico con su ídolo y no dudan en imitarlo. Algunos consiguen ser contratados en bares y fiestas privadas generando así un ingreso por su actividad.
En este caso nadie presta mucha atención al que canta pues saben de antemano que no es el original. Al cerrar los ojos y con un poco de imaginación, pareciera que está actuando Charly García, Andrés Calamaro o Elvis Presley.
Debo decir que un imitador se torna más grotesco cuanto más se aproxima a su homónimo: En el caso de Elvis, aparecen dobles delgados y un tanto excedidos de peso. Estos últimos argumentan que fue la mejor época del Rey del Rock and Roll.
Resumiendo: en este caso el que cita, imita y el que imita de alguna manera cita.

Hay personas que piensan que la cita es un recurso discursivo que, como máscaras en un baile de disfraces, sirve para ocultar verdaderas intenciones. Más aún si el que habla es un político.
Muchos se preguntan ¿a dónde querrá llegar este que construye su discurso en base a un cliché?
La cita como instrumento de la retórica, del convencimiento por medio de las palabras, ni bien se hace presente produce reacciones contrapuestas: despierta dudas en el receptor atento y fervor en aquellos que son interpelados por su contenido.
Permiten que el orador, en la vorágine de su discurso, sostenga su propuesta con frases hechas o frases célebres que parecen ser incuestionables. No tanto por el contenido de las mismas sino por la persona que las dijo:
—Y como dijo Mahatma Gandhi: “Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego.”
Es cierto que muchas personas citan obras que desconocen.
La cita es, en este caso, un fetiche, como suele utilizarse de souvenir un boleto de avión, un ticket de cine o una etiqueta de un traje.
La cita representa un vuelo que quizá no se haya realizado, representa una prenda que tal vez no haya lucido o literalmente un libro que no se ha leído (es el caso de los que atribuyen la frase “Ladran, Sancho…” al Quijote de Cervantes).
Para citar es necesario recordar.
Si bien Borges dice que sólo una persona tuvo derecho a pronunciar ese “verbo sagrado” (recordar) y esa persona era Funes el memorioso, los que hacemos uso de lo que otros hicieron o dijeron, recordamos (o al menos creemos hacerlo).
El que recita de memoria produce un efecto de fascinación en los oyentes. Como un médium en una sesión de espiritismo es “hablado” por el lenguaje que lo posee.
Su acto de magia tiene eficacia si concluye la frase. En cambio si se queda en la mitad del camino pierde su encantamiento:
De un tiempo perdido
a esta parte esta noche ha venido
un recuerdo encontrado
para quedarse conmigo.
De un tiempo lejano
a esta parte ha venido esta noche
un recuerdo prohibido
olvidado en el olvido.
Las citas son como elementos flotantes en el mar abierto y son un buen recurso para echarle mano cuando zozobran los argumentos.
Son herramientas que facilitan la resolución de problemas y en este caso, siendo las 19.55 hs. me han servido para finalizar una crónica:
Say no more.

LA VIDA ES UNA MONEDA
Puede resultar un facilismo o un recurso al alcance de la mano de cualquiera comenzar a hilvanar algunas ideas sueltas con frases de otros. Pido disculpas al lector si al terminar esta crónica siente que ha sido estafado.
Rodolfito Páez canta un tema titulado “La vida es una moneda”: claro que utiliza esta frase de manera metafórica para referirse a la lucha cotidiana por la subsistencia. “La vida es una moneda, quien la rebusca la tiene”; interpreto que aquel lucha hasta el cansancio por sobrevivir puede hacerlo.
En este tipo de sociedades mercantilizadas donde toda operación comercial es medida por el dinero, luchar por la vida es luchar por la obtención de “metálico”. Y aquí comenzamos a transitar los sinuosos caminos de la filosofía en donde nos podemos plantear lo siguiente:

¿Es el dinero un medio para alcanzar un fin (en este caso la vivencia o supervivencia cotidiana); o el dinero es un fin en sí mismo? Y en ese caso… ¿importan los medios utilizados para obtenerlo?

El autor de esta canción muestra inmediatamente su inclinación:
“La vida es una moneda,
quien la rebusca la tiene,
y ojo que hablo de monedas
y no de gruesos billetes.”
Vale la aclaración porque uno, aunque “busque lleno de esperanzas” y se empecine en encontrar la forma de obtener grandes fortunas, muy pocos podrán lograrlo.
En cambio, si hablamos de los valores que suelen guiar nuestras conductas, podemos decir que la dignidad es factible de perderse ante la menor oferta. No importa el monto del ofrecimiento de quien corrompe, sino de la fortaleza de los principios de quien escucha dicha oferta.
No es la intención de esta opaca reflexión juzgar a nadie; tampoco derramar pesimismo por doquier al sugerir que cada hombre tiene un precio; sino tan sólo pensar en la justificación que hemos de esbozar ante los demás, si en busca de monedas nos tentamos con una pila gruesa de billetes y aceptamos.

SOMOS OTRO SENTIDO
Hoy quisiera reparar en una cuestión social que, por su hermetismo, permanece en un cono de sombras.
Las fuerzas creadoras y las fuerzas destructoras de las juventudes muchas veces suelen imponer una nueva realidad social.
Nuevos códigos, nuevas modas, nuevas formas de relacionarse entre sí, nuevas ideas que chocan con las precedentes… En fin, las metamorfosis sociales a veces se producen a ritmos impensados.
La minifalda y el rock and roll marcaron a los sesenta.
En la década del setenta proliferaron las bandas urbanas de rock. Entre ellas apareció una que se autodenominaba Sui Géneris. Este término significa “excepcional o extraño en su género”.
Lo “raro” es la punta de lanza de todo joven. Por ello, de tanto en tanto aparecen “raros peinados nuevos”, ropa que un adulto no se pondría jamás, zapatillas espaciales con precios astronómicos, gestos y posturas.
En otras palabras, los jóvenes consumen aquello que constituya una novedad y los distinga generacionalmente del resto de la sociedad.
Prometo no desvariar en este comentario, seré conciso e iré al grano.
En la etapa de la adolescencia el sujeto que se está construyendo socialmente busca una identidad. El mundo de los adultos le resulta un tanto complicado. “Está bueno tener derechos y libertades” pero la contracara de ello es la responsabilidad que crece. Es entonces donde puede surgir la fantasía de “renunciar al contrato social” y fundar una sociedad nueva desde el comienzo ¿Habrá pasado esto con los hippies que se instalaron en El Bolsón?
Una vez disuelto Sui Generis, Charly García fundó otra banda con las mismas iniciales: Serú Girán.
He buscado el significado de este concepto con obstinación y descubrí que no existe. Es un neologismo creado por el señor García.
Serú Girán fue tan excepcional que su nombre ni siquiera existía como signo.
Pero esto no termina aquí. La rueda del rock comenzó a girar y los jóvenes entendieron de qué se trataba: los significantes se condensan y desplazan constantemente.

En los ochenta un joven que descubría una banda nueva la seguía cada vez que tocaba en bares de mala muerte. Aunque detestaban esta palabra, eran fans de la primera ola.
Esto les otorgaba una “chapa” ante los demás, es decir un título.
Ese “título” estampado en una remera negra, tenía más valor cuanto más gastada y descolorida.
En otras palabras, aquel que se presentaba ante el grupo con una remera negra flamante con el nombre de su banda preferida era considerado un “recién llegado”.
Si la banda surgía del circuito Underground y comenzaba a perfilarse como una superbanda, los primeros fans sentían que sus ídolos los habían traicionado al transar con “el sistema”.

En los noventa con el surgimiento del “Grunge” el espíritu que guiaba a los adolescentes determinaba que no estaba permitido crecer en ningún sentido.

En el año dos mil Serú Girán fue parodiado por los jóvenes que formaron una banda con el siguiente nombre: Cirujearán.
Los jóvenes denunciaban las consecuencias de la explosión social que produjeron las políticas neoliberales, que habían conducido a un sector de la sociedad a revolver en la basura.

Con otro tenor quisiera contarles una anécdota de la cual formé parte. Un día mi hermano estaba escuchando una banda por entonces desconocida para mí. Le pregunté:
— ¿Cómo se llaman?
—No Te Va Gustar.
Inmediatamente entendí de qué se trataba y volví a interrogarlo
—Pero decime cómo se llama y te voy a decir si me gusta o no…
—No Te Va Gustar.

Hace varios años leí un graffiti que me llamó la atención, el mismo decía «Somos Otro Sentido”. Me dije “un pedido de auxilio “SOS” que afirmaba no serlo”.
Luego, pensé:
Si es “otro” el sentido que le otorgan ¿sigue siendo un pedido de auxilio?
Tres puntos, tres líneas, tres puntos, es un mensaje en código Morse. Puede ser una señal visual iconográfica “SOS”, puede ser visual a través de destellos de luz, también puede ser sonora.
¿Se puede hacer caso omiso al toparse con este signo?
Un llamado de auxilio es un llamado de auxilio. Nadie pide ayuda en vano. Y estos jóvenes, aunque lo negaran, parecían pedirlo.
“No Te Va Gustar”, “Somos Otro Sentido” y “Cirujearán” otorgan nuevos significados a las palabras. Hacen lo mismo que hizo “Serú Girán” en su momento. Salvo que éstos lo dejaron bien claro desde el principio:
“Mientras miro las nuevas olas
yo ya soy parte del mar”

Walter Monsalvo Walterio Mon
https://www.youtube.com/watch?v=5Whzd2CQLjg

Reseña sobre Las Crónicas de Carlos Centurión.
https://www.youtube.com/watch?v=1v6sHLmeGps

«La lámpara» del cuento LA CASITA DEL RÍO.
https://www.youtube.com/watch?v=H9Zcos4KxVk

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